¡La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida!. Eso me ha pasado este verano cuando recibí una gran sorpresa a finales del mes de mayo y me ha tenido “entretenida” hasta hace dos semanas.

Por este motivo, confieso que cambiaré la biografía que aparece en esta web porque ahora tengo un montón de cosas más que contar en primera persona.

Lo comparto con vosotr@s con la intención de trascender, de aligerar el peso que supone esta palabra para nuestra sociedad: el cáncer. También para compartir cómo he vivido, a qué me he agarrado, qué herramientas he practicado y en qué he fallado (vamos que me he venido abajo unas cuantas veces) y sobre todo quiero compartir el gran aprendizaje que ha supuesto todos estos días. 

Aquí va la historia…

Hay un libro que se titula “La Enfermedad como Camino” de Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke,  lo he nombrado y lo he recomendado cientos de veces.  Cuando lo leí me caló hasta lo más profundo, pero es ahora cuando lo he experimentado y he encontrado el verdadero significado.

Y al final todo es lo mismo. Aquí estamos para aprender y experimentar y también, como suelo decir mucho en las consultas, “todo es para algo”. Pero, ahora he cambiado el discurso y he decidido para mi vida intencionar que, “ya no quiero aprender más por la vía de la enfermedad del cuerpo, ahora quiero aprender a través del disfrute y de experiencias de otro tipo“.

En mi historia familiar, como ya he contado en algún momento, el cáncer ha tenido un importante protagonismo. Eran otros tiempos y yo también era otra, no tenía la claridad ni la conciencia de la que disfruto ahora. No era mi cuerpo, era el cuerpo de mis seres queridos los que estaban enfermos….no es comparable..

Cuando en una revisión rutinaria me dijo el radiólogo que había una imagen sospechosa en mi pecho izquierdo y que tenía que hacer una biopsia, toda la historia familiar se puso delante como una película, toda la densidad de esos años me inundó. Es increíble cómo la mente nos hace unas trampas tremendas. De pronto, ya estaba enferma.

Aprendizajes…

Luego, una semana después, el médico confirmó el diagnóstico y empezaron todas las pruebas para la operación, fue como si me hubieran dado una sentencia de muerte (no he recibido ninguna de ese tipo pero creo que debe ser algo parecido); experimenté una angustia tremenda y un sentimiento de ¿por qué a mi?

Ahí, primer aprendizaje del Camino: Humildad y Aceptación.

Mi ego no podía soportar que “le tocara a él” un cáncer.

Algunas frases que me vinieron en ese momento: ¿cómo que tengo cáncer? no es posible, si yo llevo una vida sana, ahora vivo plena y feliz, he hecho los cambios que tenía que hacer, hago deporte, mis caballos me sanan cada día, acompaño a personas en procesos parecidos…. ¡yo estoy sana!

Otro aprendizaje: Tengo una gran fuerza interior y las afirmaciones que hago son poderosas, lo que creemos, lo creamos y decidí hacer mío un mantra: Yo estoy sana, es mi cuerpo el que ha densificado algo que tiene que sanar. Yo soy mucho más que mi cuerpo.

Esta afirmación me ha dado una fuerza impresionante, cada consulta con la cirujana, en el momento de la operación, en el postoperatorio, cuando volví a casa, cuando me sentía baja de ánimo. De esta manera, me he situado en el papel de observadora de la película:

Yo no era la que estaba en esas situaciones, era mi cuerpo. Mi espíritu, quién realmente soy, mi esencia, la que permanece siempre, está sana, plena y muy feliz.

Parece una contradicción pero no lo es y he vivido el proceso desde una gran plenitud y felicidad,

En el próximo post os voy a contar cómo lo he conseguido, las oleadas de Amor que he recibido, de cómo fue el encuentro con los  Caballos después de la operación y todas las bendiciones que me han llegado. Gracias…. Cáncer.

⇒ Conoce más. Mira el post “Cómo he integrado el miedo y el cáncer“.

Ah y se me ha olvidado decirlo al principio¡¡¡¡ estoy como un roble, ahora fuerte, plena, llena de proyectos….así que …gracias, gracias, gracias.